Un día, mis alumnos estaban intentando averiguar cómo de insondable era mi paciencia, y hete aquí que se encontraron más pronto que tarde con la triste realidad: me enfadé como una mona porque no había manera humana de traducir un texto en grupo. Sólo atendía aquél que tenía que traducir, y sólo durante las dos líneas que le tocaban a él. Así que me enfundé en mi expresión de "hoy se os acaba el mundo", y les dije, resentida, a modo de maldición: "¡Pues ahora me lo vais a traducir por escrito, para entregar antes de que se acabe la clase!". Para mi sorpresa, todos se pusieron en parejas a traducir, se preguntaban las dudas, tradujeron una cantidad importante de texto... Y ME PIDIERON POR FAVOR QUE OTRO DÍA LES DEJASE TRADUCIR ASÍ!!! Yo les decía "¡Pero si ha sido un castigo!"... Bueno, pues desde entonces mis alumnos traducen en parejas los textos del libro, les encanta, no importa el nivel del grupo, desde 1º eso a bachillerato, y me dicen que aprenden mucho. Algo parecido me pasó con la memorización de pequeños diálogos. Un éxito. Les encanta el role-play preparado. Desde entonces me pregunto por qué siempre hacen lo contrario de lo que se les manda: disfrutar con las tareas más arduas y aburridas, y aburrirse hasta bostezar con actividades lúdicas como canciones y crucigramas... Misterios de la docencia. Y enhorabuena a los alumnos, que tanto nos enseñan!!!
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Qué miedo me ha dado siempre esta canción!!!
ResponderEliminarDespués de mil lecturas sobre las ventajas de la didáctica lúdica a mi me pasa exactamente lo mismo: cuanto más aburridas son las actividades que planteo más contentos están mis alumnos.
ResponderEliminar¡Cuánta verdad, Simoneta! A veces una insignificante cosa para nosotros, resulta muy motivadora para ellos. ¿Será debido al paso generacional o a los cambios sociales, tecnológicos, culturales,... del siglo XXI?
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